Así que, al recibir la sangre de otra gente,
es como si… esas personas te están manteniendo vivo. Como yo lo veo es…
yo ahora tengo 15
años, y seguramente tengo unos 60 ó 70
años más por delante… ¡gracias a la gente que se preocupa por los demás!

—Klaryssa
receptora de sangre


En Estados Unidos se usan aproximadamente 38.000 unidades de sangre por día. Una unidad equivale aproximadamente a una pinta o medio litro. La gente puede necesitar sangre por muchas razones. Quizás hayan resultado heridos en un accidente, como le pasó a Ellie. ¡Ellie necesitó 30 pintas de sangre! Pero otras víctimas de accidentes pueden necesitar incluso más.

Los pacientes que necesitan un transplante de médula ósea fácilmente pueden necesitar 20 unidades de sangre y 120 unidades de plaquetas. Una persona que se someta a una cirugía del corazón puede necesitar 6 unidades de sangre y 6 de plaquetas. Y una persona que necesite un transplante de un órgano puede necesitar tanto como 40 unidades de sangre, 30 unidades de plaquetas, 20 bolsas de crioprecipitado y 25 unidades de plasma congelado. En los centros de sangre a menudo escasea la sangre de los grupos O y B, y durante el verano y las vacaciones de invierno se produce escasez de todos los tipos de sangre.
 
“Cuando recibo sangre, uno podría decir ‘bueno, no es gran cosa’, pero sí es gran cosa. Uno no piensa que otra gente está dedicando su tiempo, y yendo a recostarse en una cama y regalando su sangre a otra persona. Cuando me operaron, recibí sangre de 5 personas. ¡Ojalá ellos sepan que me salvaron la vida!”
 
“Después de mi diagnóstico, mis médicos me pusieron en un régimen de transfusiones de sangre. Al principio necesitaba una transfusión cada dos semanas, luego esto subió rápidamente a una por semana, y cuando estuve peor necesité sangre día por medio. Yo soy un testamento viviente de que la donación de sangre es útil, es más: es un asunto de vida o muerte. En total, yo necesité más de 450 unidades de productos sanguíneos.”
 
“Yo recibo sangre una vez por mes porque las células de mi sangre son anormales. Antes de recibir la transfusión me siento muy débil y cansado y no tengo ganas de levantarme ni moverme mucho. Después de la transfusión tengo mucha energía y estoy muy activo. Si no hubiera donantes de sangre, yo me moriría.”